Hermandad

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CAPITULO I

DE LA CONSTITUCION DE LA HERMANDAD

Regla 1ª

Nos, hermanos de ésta Hermandad y Cofradía, nos congregamos devotamente, conservando con plena fe éste hecho y su significación. Humildemente rogamos al Señor Santo, Padre Omnipotente, eterno Dios, por el mismo Señor Jesucristo, que pues nos ha elegido para que fuésemos miembros haciéndonos triunfar en EL del imperio de la muerte, nos haga merecedores de su gloriosa resurrección.

Nos, declaramos acogernos bajo el patrocinio de Jesucristo Nuestro Señor, en este bello pasaje evangélico, caminando sobre un pollino, inspirado por el Todopoderoso y Eterno Dios, para que la multitud del pueblo tendiese sus vestidos y arrojara olivos a su paso, y cantase hosannas y alabanzas en su honor, y de la Madre de Dios, dulcísima Emperatriz de la Estrella, cuyo hermosísimo título nos llena de gozo; brillante Estrella matutina que amaneció llena de gracia y libre del crepúsculo, de la culpa original en su primer instante y también ESTRELLA del Mar, norte seguro de los que navegan.

Sea esta decisión fervorosa de congregarnos en Hermandad y Cofradía, signo seguro de predestinación del Señor, para hacernos conformes a la Imagen de su Hijo Nuestro Señor Jesucristo, hasta que lleguemos a decir: “NO VIVIMOS NOSOTROS, SINO JESUCRISTO EN NUESTRAS ALMAS”.

Que los Capítulos siguientes de estas Reglas recojan la voz de la gracia, de la autoridad de la Iglesia, de la obediencia y humildad, y nosotros, devotos hijos, las oigamos y cumplamos sin tardanza.

Así lo confiamos lograr por la infinita largueza del Señor, que un día cantemos en el Cielo. Así sea.